Tipos de préstamos hipotecarios
Se pueden distinguir cuatro tipos básicos de préstamos:
Interés fijo
El tipo de interés permanece constante durante toda la vida del préstamo. Igual si los tipos de interés suban o bajen, el cliente siempre pagará lo mismo cada mes. Esto da cierta seguridad: si los tipos de interés suben, el consumidor no ser verá afectado, pero si los tipos de interés bajan no podrá beneficiarse tampoco. Por lo tanto se trata de una decisión en la que se puede ganar o perder. Otra característica de este tipo de préstamos es que suelen tener un plazo más ajustado, es decir entre 12 y 15 años y la comisión por amortización anticipada es mayor.
Interés variable
Esta clase de préstamo permite beneficiarse de las rebajas de los tipos pero también recoge las subidas. su principal ventaja es que no contempla el riesgo de que el interés del préstamo se quede desfasado, ya que periódicamente, es decir cada doce meses, se actualiza a los precios del mercado. sus principales características son: el interés varía al ritmo del mercado, el plazo de amortización es mayor y puede llegar a veinte o treinta años y la comisión por amortización anticipada no supera el uno por ciento. En este caso es importante distinguir entre lo que es el tipo de interés del primer periodo, válido para los seis o doce meses
iniciales, y él que regirá los años sucesivos y que estará determinado por los índices más el diferencial añadido.
Interés mixto
En este caso se combina un periodo en el que el interés permanece fijo: dos, tres o más años. y otro en el que el interés es variable y se va ajustando al mercado. El plazo de amortización y las comisiones por cancelación anticipada suelen ser parecidos a los variables. Combinan las ventajas e inconvenientes de los préstamos fijos y los variables aunque, al acotar dos periodos diferentes, los riesgos quedan más diluidos.
Cuota fija
Se trata de préstamos a interés variable pero se asemejan a los préstamos a tipo fijo en la medida en que el consumidor siempre paga la misma cuota al margen de la evolución de los tipos de interés. La diferencia es que si los tipos suben, en lugar de pagar más cuota, se alarga el plazo de amortización y si bajan, se acorta. Su principal problema es la incertidumbre. El cliente no sabe a ciencia cierta cuándo terminará de pagar el préstamo, ya que depende de la evolución de los tipos, pero tiene la seguridad de que su cuota no variará ni un euro en toda la vida del préstamo.